“Si tiene una idea de alimento, podemos ayudar a desarrollarla y obtener financiamiento”

En entrevista con la revista PanArte, el coordinador de Proyectos de Desarrollo e Innovación del Centro Carén de CeTA Alimentos explica cómo los especialistas de los Centros de Innovación de Coquimbo, Santiago y Temuco ayudan a emprendedores y empresas de mayor tamaño a prototipar, pilotear y escalar sus innovaciones en alimentos.

En la entrevista, Juan Pablo destaca el abanico de clientes a los que CeTA presta servicios, incluyendo desde emprendedores hasta empresas del rubro:

“Apoyamos emprendedores que no tienen conocimientos de ciencias y tecnologías de alimentos para que puedan desarrollar su producto, lanzarlo al mercado y producirlo a una pequeña escala para hacer sus pruebas comerciales y primeras ventas”.

“A empresas de mayor tamaño las ayudamos en tareas de mejora continua que antes implicaban parar por horas la producción. A ellos les proporcionamos un espacio donde hacer pruebas a una escala menor, lo que es una verdadera necesidad”.

Lee la entrevista completa aquí:

Revisa la edición completa de PanArte (mayo 2022)

Delegación del ecosistema de emprendimiento regional de O´Higgins establece vínculos colaborativos con el Centro Tecnológico para la Innovación Alimentaria-CeTA

Fuente: Vi.cl 10 de marzo 2022

[VI.cl, 10 de marzo 2022] Con la finalidad de conocer las instalaciones y servicios que brinda el Centro Tecnológico para la Innovación Alimentaria, CeTa, una delegación del ecosistema de emprendimiento regional integrada por el director regional de Corfo O´Higgins, Emiliano Orueta Bustos, el gerente de Pro O´Higgins, Braulio Guzmán Rebolledo y la Secretaria Ejecutiva del proyecto Ecosistema O´Higgins Andrea Manríquez Morales,  visitaron las instalaciones y sostuvieron importantes reuniones con ejecutivos del Centro que permiten a abrir nuevas herramientas de apoyo para  el desarrollo  de emprendimientos locales vinculados a la industria de los alimentos.

En la jornada, la delegación fue guiada por María Fernanda Faúndez, Encargada de Vinculación y Juan Pablo Vivanco, Director de Innovación de CeTA, quienes describieron y presentaron la variedad de laboratorios, equipos y procesos que se realizan en el Centro, conformado entre otras entidades por la Universidad de Chile, Pontificia Universidad Católica, Universidad de Talca y Universidad de La Frontera, además de capitales privados y  el apoyo de Corfo a través de diversas líneas e instrumentos de la corporación estatal. En este sentido, CeTA permite a emprendedores, pymes y startups, poder desarrollar pruebas, innovar, pilotos y desarrollo de nuevos productos alimenticios que desean sacar a mercado, y para lo cual CeTA brinda una asesoría profesional y técnica, que permite a emprendedores y empresarios avanzar en el desarrollo de sus iniciativas  y poder colocarlas en el mercado.

En la visita realizada en las instalaciones ubicadas en la comuna de Pudahuel, una de las tres con las que cuenta CeTA -también en Temuco y Coquimbo- , se puede apreciar la capacidad tecnológica, de investigación, ciencia e innovación en cada uno de sus rincones, espacios en los cuales los análisis y pruebas de alimentos son materia del día a día, tanto en su composición, formato e incluso packaging, pruebas que son realizadas colaborativamente con los emprendedores, procesos que permiten generar productos alimenticios que incluso incorporan economía circular, como se destacó en la oportunidad a través del desarrollo de sopas a partir del desecho de vegetales que se realiza en la  Vega Central  y que se encuentra en sus primeras etapas de estudio.

 Emiliano Orueta Bustos, director regional de Corfo O’Higgins,  valoró la visita y el aporte que desarrolla CeTA en favor del emprendimiento alimenticio, indicando que “Instituciones como CeTA, donde colabora la academia, Corfo y los privados, permiten estimular el desarrollo y entrada de nuevos productos alimenticios, sanos, de alta calidad y son un apoyo concreto para materializar y colocar en el mercado productos locales, siendo por lo demás, la Región de O´Higgins un potencial agroalimentario del país”.

Por su parte, Braulio Guzmán Rebolledo, gerente general  de  la Corporación de Desarrollo Pro O´Higgins,  indicó que “la colaboración público – privada permite materializar respuestas comoCeTA para una industria especifica como la alimentaria y, sin duda, el aporte del conocimiento y la ciencia en la construcción, evaluación y desarrollo de soluciones alimentarias que nacen de emprendedores  y que colaborativamente se analizan en el Centro, permite avanzar en innovadoras propuestas y en la cual la Región de O’Higgins tiene importantes aportes que realizar”.

La Secretaria Ejecutiva del proyecto Ecosistema O´Higgins, Andrea Manríquez Morales, destacó el encuentro, puntualizando que “esta iniciativa nace desde el compromiso del proyecto FIC Aceleración del Ecosistema de Emprendimiento Regional de O’Higgins, apoyado por el Gobierno Regional y su Consejo Regional, que permite generar vínculos colaborativos que se extienden fuera de la Región, atrayendo conocimiento y capacidades técnicas que facilitan y potencian el desarrollo de emprendimientos alimentarios, y en este sentido el proyecto busca conectar a los actores públicos -privados que posibiliten las mejores soluciones para que esas iniciativas puedan no solo materializarse, sino que además ingresar al mercado.”  Asimismo, la ejecutiva destacó que la jornada permitió generar los primeros vínculos con CeTA, los  que permitirán  a los emprendedores  de O´Higgins conocer las valiosas herramientas del Centro y abrir canales de desarrollo empresarial para la industria alimenticia regional.

 Consultado respecto a las acciones que se desarrollan a partir del FIC que impulsa Incubatec-UFRO y Agencia Gulliver, el Gobernador Regional de O’Higgins, Pablo Silva Amaya, destacó que “la innovación y el desarrollo de  una potencia alimentaria como lo es nuestra región permite avanzar con estas vinculaciones y posibilitan  concretar importantes y valiosos acuerdos, que se materializan en poner a disposición  el conocimiento, la academia, la innovación y la ciencia para desarrollar soluciones de emprendedores y empresarios en materia alimentaria  y que sin duda permitirá a los consumidores poder contar, por qué no decirlo, con cereales de algas y otras tantas opciones, que generarán riqueza y empleo para la Región de O’Higgins.”

Fuente: https://www.vi.cl/actualidad/delegacion-del-ecosistema-de-emprendimiento-regional-de-o-higgins-establece-vinculos-colaborativos-con-el-centro-tecnologico-para-la-innovacion-alimentaria-ceta-17042

Desafíos y oportunidades en la diversificación de la producción y exportación agroalimentaria

Fuente: El Mostrador 19 enero 2022

Columna de Opinión por Eduardo A. Santos Fuenzalida

Me gustaría iniciar esta nota con una breve historia. Un par de décadas atrás, durante una visita oficial a Canadá, invitaron a nuestra delegación del Ministerio de Agricultura a conocer al “Crop Development Centre” (CDC) de la Universidad de Saskatchewan, para mostrarnos –según nos dijeron– lo que estaban haciendo con semillas de lentejas “originadas en lentejas chilenas”. Cuento corto, nos informaron acerca del programa de desarrollo de producción de lentejas de ese centro, que permitió que, a partir de los años setenta, Canadá desarrollara su propia tecnología –incluyendo semillas (y plantas) de lentejas adecuadas al clima de Canadá, así como los equipos de siembra, cosecha y selección de lentejas– para transformarse en unos pocos años –por lejos– en el primer productor y exportador de lentejas del mundo. Un par de años más tarde, el fundador del programa de lentejas de Saskatchewan visitó nuestro país, pues buscaba asociarse con Chile para que actuáramos como el centro de excelencia de multiplicación de semillas para Canadá. No lo logramos y no fue por falta de interés de Canadá.

Esto no puede volver a ocurrir, pues ahí teníamos una posibilidad de desarrollar una nueva área de trabajo, incorporar tecnología y conocimiento, y expandir nuestro comercio en una nueva dirección. Y no debemos olvidar que, en un pasado no muy lejano, Chile fue productor y exportador de lentejas. Hoy, si usted consume lentejas, muy probablemente fueron importadas desde Canadá. 

Si queremos “despegar” y transformarnos realmente en una potencia alimentaria –y no hablamos solo de números, sino de excelencia y calidad– debemos incorporar y adaptar nuevas tecnologías y, para ello, también capacitar para adaptarnos al uso de las nuevas tecnologías que se requieren para el desarrollo productivo y exportador de una industria agroalimentaria moderna. Y –por qué no– también ser capaces de atraer y asociarnos al capital que se requiera para dar un “salto cualitativo” para el desarrollo de capacidades, así como para la apertura, ingreso y el posicionamiento en nuevos mercados. En este breve espacio, solo podemos intentar enumerar los factores que permitirían identificar los sectores de la industria alimentaria chilena que creemos deberían ser apoyados para dar ese “salto cualitativo”. Más adelante, deberíamos identificar los mercados con el mayor potencial.   

Durante los últimos 20 años, el crecimiento de las exportaciones agroalimentarias ha estado por debajo de las ventas totales de Chile (229% y 267%, respectivamente). No obstante, hay diferencias importantes entre los distintos productos. Por lejos, las más exitosas han sido las carnes (crecimiento de más de 538%), en especial de cerdo y aves, destinadas principalmente a China. En esta primera mirada, parecería que estos productos (HS02) no requieren mayores apoyos. Las exportaciones de estos se concentran en pocas empresas y creemos que estas sí podrían hacer un esfuerzo en la diversificación de productos y agregar mayor valor. A continuación, pero a una gran distancia en cuanto a cifras de crecimientos, siguen las ventas de árboles y plantas (HS06); alimentos del mar (HS02, pescados, crustáceos y moluscos); y las frutas y hortalizas frescas (HS08). El resto de los productos tienen todos crecimientos por debajo del total del comercio de Chile durante el período.

En promedio, las ventas de árboles y plantas durante el período 2018-2020 son relativamente bajas (unos $60 millones de dólares). No obstante, esta industria incorpora tecnología desarrollada en Chile y, más allá de que muchas son medianas y pequeñas empresas, estas emplean numerosa mano de obra. Incluso pueden alcanzar mercados sofisticados europeos y el de Estados Unidos. En esta área de la producción tecnológica se cuenta con el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) del Ministerio de Agricultura, además de las numerosas universidades que realizan trabajos de gran nivel técnico, que es reconocido internacionalmente. Este trabajo, entre otras cosas, ha sido crítico para el desarrollo de nuestra industria frutícola. Debemos considerar seriamente potenciar este sector, que cuenta con el apoyo de SAG para lograr la apertura de nuevos mercados.  

Los sectores de productos del mar (HS03) y frutas y hortalizas frescas (HS08), si bien han sido tremendamente exitosos en términos comerciales, en más de una ocasión han encontrado “piedras en el camino”, de diferente tamaño, por cierto. La industria frutícola ha logrado establecer su reputación con productos de calidad, que rara vez han sido cuestionados. No obstante, como país, por lo general, hemos promocionado la industria bajo el lema de ser los primeros exportadores de “esta fruta” o la “otra”, pero poco se escucha –lamentablemente– de su calidad, higiene e inocuidad, en donde Chile tiene un récord prácticamente intachable (a pesar de las uvas envenenadas de Pinochet).

El énfasis en los volúmenes exportados y la correspondiente expansión de las áreas de producción, hoy tienen en aprietos a la industria, que está siendo cuestionada por llevar al límite el uso de los recursos naturales, en particular los recursos hídricos. Se han hecho frecuentes también los eventos de mosca de la fruta y el ingreso de nuevas plagas, como la lobesia botrana y drosofila susukii. En un marco de propuestas dirigidas a fortalecer prácticas productivas amigables con el medioambiente, no debe sorprender si la administración entrante busca modificar las prácticas actuales en el sector, más que continuar la ruta seguida hasta ahora en las actividades de promoción dirigidas, entre otros, por ProChile, y financiadas por el Fondo Silvoagropecuario de Promoción de Exportaciones. 

En el caso de la industria salmonera, ha existido un reiterado cuestionamiento, tanto por el posible uso de antibióticos de algunas firmas como por la contaminación del agua en las áreas de producción. Además, si se toma en consideración que este es un sector económico caracterizado por un puñado de grandes empresas –un par de ellas, de las más grandes del mundo–, parecería que difícilmente puede ser caracterizado prioritario en el fomento y apoyo de las exportaciones, a no ser que exista un esfuerzo claramente identificable y sistémico dirigido a desarrollar y exportar nuevos productos de mayor valor agregado, más allá de los filetes que ya exporta la industria. 

Todos los otros grupos de productos muestran crecimientos por debajo de las cifras de comercio total de Chile y, en algunos casos, muy por debajo. Aun así, algunos de esos sectores deberían ser la base de la diversificación y transformación productiva del agro, aumento de las exportaciones y reactivación de la integración económica regional, así como incorporación más activa de las Pymes rurales al comercio. Las preparaciones de frutas y hortalizas (HS20) y las de alimentos del mar y carnes (HS16) han reducido su participación en las exportaciones chilenas, aun cuando la globalización, el desarrollo de nuevos productos y los cambios en los hábitos de consumo, empujan los indicadores en la dirección opuesta, contribuyendo al rápido aumento de las compras de alimentos preparados. Chile, en menor medida, ha aumentado las exportaciones de productos procesados, pero en su gran mayoría son vendidos a granel. Tampoco debemos olvidarnos de los productos lácteos y, en particular, los quesos. En todos estos productos aún nos falta dar el gran paso para llegar directamente al consumidor y conquistar el diferencial de precios entre las exportaciones a “granel” y las ventas “directas al consumidor”. 

En Chile hemos ido desarrollando la capacidad de innovar significativamente en el área de la industria agroalimentaria vía el apoyo y actividades de instituciones o programas como la Fundación Chile, Transforma Alimentos y el Centro Tecnológico para la Innovación Alimentaria (CeTA), así como el Centro de Biotecnología de Sistemas de Fraunhofer Chile Research (FCR-CSB), entre otros. Así, las empresas han podido desarrollar y exhibir últimamente, nuevos productos elaborados de gran nivel. Nos falta, no obstante, dar el último paso para internacionalizar la innovación made in Chile, de manera sistemática y consistente. Al parecer, es una combinación de la “rutina” en que caen algunas empresas, pero, sobre todo, es falta de políticas de Estado e instituciones capaces de apoyar a los emprendedores, de manera efectiva, en las últimas etapas del proceso exportador. Las grandes empresas de la fruta, salmón, carne y el vino, pueden crecer y exportar sin gran apoyo del Estado, pero las pymes y las empresas de tamaño medio necesitan el apoyo y los recursos de una nueva institucionalidad que les permita dar y concretar los pasos finales. 

Con un Estado más activo e instituciones más “ágiles” –financiera y operacionalmente– y coordinadas bajo un mismo techo (por ejemplo, un nuevo Ministerio de Agricultura y Alimentación), podríamos ir por delante del proceso exportador y, así, adelantarnos a las demandas de los mercados importadores. Con el respaldo adecuado, podemos buscar “socios” en los países importadores, ingresar y posicionarnos en nichos de mercados de interés, y de esta forma negociar “arreglos” o acuerdos con las cadenas de distribución, en particular, con cadenas regionales, locales o de tamaño medio, que también buscan consolidar sus propios nichos de mercado. Además ahí, por lo general, es posible crear y agregar “valores” sustanciales con certificaciones tales como “natural” y “orgánico”, “comercio justo”, “no modificado genéticamente”, “sin hormonas y/o promotores de crecimiento”, y decenas de otras. 

Fuente: https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2022/01/19/desafios-y-oportunidades-en-la-diversificacion-de-la-produccion-y-exportacion-agroalimentaria/

Residuos vegetales se convierten en alimentos deliciosos y sustentables

El programa Cocina Lab, de nTV, mostró cómo descartes de hortalizas y frutas del Mercado Lo Valledor se convierten en una sopa y una compota creadas en la planta de CeTA en el Parque Tecnológico Laguna Carén.

Cada año 1.300 millones de toneladas de alimentos se van a la basura en el mundo, según datos de la FAO. En Chile, un proyecto de la Universidad Bernardo O´Higgins (UBO), el Banco de Alimentos del Mercado Lo Valledor y el Centro Tecnológico para la Innovación Alimentaria (CeTA), está contribuyendo a reducir el desperdicio de alimentos en Chile, convirtiendo en sabrosas preparaciones verduras y frutas en buen estado que antes se desechaban.    

El proyecto se presentó en el capítulo “¿Qué nos aportan las frutas y verduras?”, del programa Cocina Lab, conducido por la periodista científica Andrea Obaid y el biólogo celular Alejandro Roth y que se transmite a través del canal cultural público nTV .

“En 2019 recuperamos más de 800 toneladas de alimentos, entre frutas y verduras, lo que equivale a 5,8 millones de raciones de alimentos que antes se iban a la basura, dice en el programa Hugo Espinosa, director de la Fundación Banco de Alimentos de Lo Valledor.

Esta institución recibe las donaciones de vegetales de locatarios del mercado, las que luego se convertirán en saludables platos que se entregan a centros de adultos mayores y niños y niñas en situación de vulnerabilidad.

En la planta de CeTA en Laguna Carén, los descartes de frutas y hortalizas se procesan para producir sopas y compotas. Las analistas de desarrollo de productos del centro, Débora Rojas y Jessam Marín, destacan el aporte de fibra, antioxidantes, vitaminas y minerales que aportan las hojas, tallos, pulpa y cáscara de los vegetales que se evitó descartar.

Jean Paul Veas, director ejecutivo de CeTA, subraya que el uso de la tecnología no solo permite crear alimentos nutritivos y sabrosos. En su producción, señala, son también fundamentales “conceptos de economía circular y sustentabilidad”.

Ver el capítulo n° 4 de Cocina Lab: “¿Qué nos aportan las frutas y verduras?”

Más detalles del proyecto de la UBO junto a CeTA y el Banco de Alimentos Lo Valledor  

El crecimiento de la industria vegana en Chile

Hace pocos años no era fácil encontrar en cadenas de supermercados productos alternativos a la hegemónica carne, haciendo difícil para los consumidores contar con alternativas asequibles y variadas para modificar su dieta. Hoy el panorama es distinto: en conmemoración de un nuevo día del veganismo (1 de noviembre) es posible apreciar una oferta cada vez más consolidada que se sustenta en dos pilares. Por una parte, la cada vez más frecuente incorporación de tecnología y, por otra, un cambio cultural en la población que ve con interés su potencial.

Jazmín Silva, creadora de Las Cocineras Metaleras (@lascocinerasmetaleras), señala que cuando decidió dejar fuera de su plato todos los ingredientes de origen animal, hace ya 16 años, el veganismo era algo desconocido para la sociedad chilena. “No podías ir a un restaurante y preguntar por alternativas veganas; al final era más fácil pedir un salteado de verduras sin mantequilla. Tú ibas a comer sabiendo que no iban a haber opciones veganas”, recuerda sobre esa época.

En la actualidad, el panorama es otro: no solo los menús de restaurantes y picadas consideran a aquellos que no comen carne, sino que es muy fácil encontrar en grandes supermercados, incluso en almacenes de barrio, productos alternativos. De hecho, la start up chilena Not Co. se ha hecho conocida a nivel internacional por presentar alimentos hechos a base de plantas, los que se pueden encontrar en diferentes países de América.

De acuerdo a Mariam Riera, especialista en Desarrollo de Proyectos y Productos del Centro Tecnológico para la Innovación Alimentaria (CeTA), este fenómeno no responde a una simple moda, porque este tipo de alimentación ha sido promovida durante muchos años en Chile. Según la especialista, en la actualidad “ha adquirido más adeptos debido a la mayor difusión de información, y preocupación por parte de los consumidores, por temas medioambientales, de salud y bienestar animal”.

Aprendiendo a cocinar

Los animales fueron la causa de que Jazmín decidiera dejar de comer productos de origen animal. A los 21 años, esta intérprete de conferencia se motivó a incursionar en el veganismo, sorteando una serie de dificultades propias de la época. Por ejemplo, había poca información en español sobre el tema, la que existía estaba en otros idiomas y también adaptada a la realidad de sus países de origen que poco tenía que ver con Chile. Por otra parte, tampoco existía una comunidad de veganos consolidada en nuestro país con la cual dialogar.

Valiéndose de su profesión, Jazmín consideró que la mejor forma de facilitar una transición a esta alimentación era escribiendo información sobre cómo alimentarse bien a través de la página web Fuente Vegana.

“En esa época el tema que más me preocupaba era justamente lo nutricional, porque conocías personas que se hacían veganas y no sabían que tenían que suplementarse con B12, o que iban al médico y no sabían qué cosas preguntar. Así que traduje información básica y confiable para que la gente que se hiciera vegana estuviera sana, porque mi mayor miedo era que dejaran de serlo por problemas de salud”, explica.

Tras considerar que el sitio web había cumplido su ciclo vital, Jazmín comenzó Las Cocineras Metaleras, un proyecto que a la fecha ya supera los 44 mil seguidores solo en Instagram. De manera periódica va subiendo diferentes recetas que tienen como fin poder comer rico sin tener que considerar lácteos, carnes o huevos en la receta.

“Yo veía en otros países que era positivo ser vegano, y siento que recién en Chile estamos avanzando en esa línea. Sé de personas que no son veganas, pero compran productos veganos porque creen que es mejor para el medioambiente, para los animales o para su salud, y no les cuesta porque por fin hay alternativas. Ahora el término vegano está adquiriendo una connotación más positiva”, detalla Jazmín.

El desarrollo de la industria

Veganuary es una iniciativa internacional que invita a las personas a probar el veganismo durante el mes de enero, además de coordinar y promover diferentes actividades. Según cifras entregadas este año por la organización, nuestro país lidera a nivel latinoamericano la oferta de productos veganos, creciendo un 8% durante los últimos 4 años.

Además del creciente interés por parte de la población por este tipo de dietas, Mariam Riera, especialista en Desarrollo de Proyectos y Productos de CeTA, indica que Chile cuenta con un gran potencial para desarrollar este tipo de productos: “en nuestro país tenemos factores claves, como capital humano avanzado, tecnologías disponibles, incentivos que permiten disminuir el riesgo en innovaciones que presentan alta incertidumbre tecnológica, apoyo en las distintas fases de un emprendimiento y una industria alimentaria cada vez más abierta a generar innovación colaborativa”, detalla.

Sobre esta gran oferta que actualmente se aprecia en Chile, Riera agrega que el fenómeno está asociado al desarrollo que ha tenido el país en materia de innovación, alentado por la construcción de un ecosistema robusto que apoya desde distintas aristas a empresas y emprendedores para generar nuevos productos.

“En el desarrollo de productos plant-based existe una gran combinación entre la utilización de tecnologías tradicionales de una manera no convencional, la extracción y/o utilización de ingredientes que pueden imitar alguna funcionalidad de sabor o textura y la aplicación de nuevas tecnologías. En este sentido, en Chile contamos con investigadores enfocados en el desarrollo de estas soluciones y con capacidades instaladas en centros como CeTA, que disponibilizan tecnologías a nivel piloto, lo que permite generar una mayor cantidad de pruebas con menos recursos involucrados, factores claves en el proceso de innovación”, explica Riera.

Por otra parte, la especialista indica que Chile será uno de los pocos países de Latinoamérica que contará con la tecnología de cocción por extrusión con alto contenido de humedad (HMEC, por sus siglas en inglés), que permite procesar ingredientes proteicos funcionales para convertirlos en texturas similares a las de la carne.

Miles de alternativas

“Ser vegano hace unos años era complejo y frustrante: porque tenías que dedicar mucho tiempo a cocinar, prescindir de muchos alimentos de gusto común, tener que llevar siempre tu comida a reuniones sociales, entre muchas otras situaciones. Si bien la alimentación vegana es bastante variada, llena de sabores nuevos e increíbles, el uso o consumo de productos derivados de animales se encuentra muy arraigado a nuestra cultura y gustos personales, así como también a la industria alimentaria chilena”, puntualiza la especialista de CeTA. 

Si bien el cambio no es sencillo y no es factible que sea de la noche a la mañana, Jazmín, por su parte, indica que las cada vez más accesibles opciones que se encuentran en supermercados facilitan mucho el cambio.

Creo que es muy alentador, porque si bien a los veganos viejos ya no nos llaman tanto la atención estas cosas, siento que para la gente nueva estos productos ayudan un montón para lograr ese cambio de switch. Es hermoso pensar que una persona está pensando en cambiar su alimentación por motivos medioambientales, por los animales o por su propia salud y que puedan comerse una hamburguesa que a ellos les sabe como hamburguesa, porque así se les hace más fácil el cambio. Creo que es importante que existan estos productos para que la gente se atreva a dar un primer paso”, opina la creadora de Las Cocineras Metaleras.

Nuggets de jurel: una alternativa llena de nutrientes para cambiar la alimentación de los más pequeños

La alimentación saludable en los niños es, en muchas oportunidades, un objetivo difícil de lograr. El consumo desproporcionado de comida chatarra, junto a las dificultades que ha traído consigo la vida en pandemia, ha intensificado los problemas de salud entre los menores de edad, de los cuales más de un 30% experimenta niveles de obesidad, de acuerdo a datos manejados por el Instituto de Nutrición y Tecnología en Alimentos (INTA).

Considerando estos antecedentes es que la Cooperativa Caleta San Pedro junto a la Asociación de Industriales y Armadores Pesqueros de Coquimbo presentaron un proyecto que busca generar una opción alimentaria que se base en los beneficios del jurel, especie tradicional de la zona. Gracias al financiamiento de Conecta y Colabora de Corfo y con el apoyo del Programa Estratégico Regional MásMar y el Centro Tecnológico para la Innovación Alimentaria (CeTA), el producto que será desarrollado consiste en un nugget que tiene al jurel como principal componente.

Guillermo Molina, gerente del Programa Transforma MásMar, destaca que la idea es presentar una propuesta innovadora que rompa con la forma en que usualmente se consume esta especie. “Es un nugget que busca abordar un segmento que hoy no está cubierto por el jurel, sino que por otros productos. El jurel destaca por sobre otras especies, ya que tiene un alto contenido en Omega 3 y en nuestra región se da de forma muy abundante”, detalla.

Este pescado posee propiedades nutricionales que deberían fomentar su consumo, como son su alto contenido en vitaminas A, B3, B12 y D y una considerable cantidad de proteínas (19,75 grs. por cada 100 grs.).  En los últimos años el Trachurus murphyi se ha destinado principalmente para la producción de harina de pescado, de esta manera este proyecto espera replantear la importancia que puede tener en la dieta de los chilenos.

Lorena Pacheco, jefa del Centro de Innovación Norte de CeTA, agrega sobre las propiedades del pescado que “el alto nivel de ácidos grasos como Omega 3 que tiene el jurel ayuda a rebajar el colesterol en la sangre en adultos y en los niños desempeña un papel en el desarrollo y la función cerebral, especialmente en el aprendizaje y la memoria, se recomienda que los niños consuman más cantidad de ácidos grasos omega 3 para mejorar su rendimiento escolar”.

Todos estos beneficios que tiene el jurel lo postulan como una gran materia prima para potenciar productos del mar a nivel nacional. Es por lo que, para incentivar su consumo el nugget fue el formato de presentación, ya que se espera que sea un producto cercano a las personas y, sobre todo, una alternativa para programas nacionales de alimentación escolar, como el de la JUNAEB.

El director regional de Corfo Coquimbo, Gregorio Rodríguez, destacó que es importante apoyar estas iniciativas que están enfocadas en ampliar la matriz alimentaria de productos del mar. “En este caso, el jurel es una especie que se da de forma abundante en nuestra región y este formato que está desarrollando el CeTA tiene una alta demanda y potencial comercial, por ende, es tremendamente positivo que esto llegue a buen puerto”, agregó.

Innovación alimentaria permitirá la creación de sopas y compotas a partir de residuos vegetales del Mercado Lo Valledor

En este reconocido mercado cada año se generan miles de toneladas de frutas y verduras que terminan en la basura. Su recuperación, y la posterior aplicación de tecnologías, permitirá que miles de personas en situación de vulnerabilidad puedan acceder a alimentos con un alto porcentaje nutricional.

El Mercado Lo Valledor es una de las principales fuentes de abastecimiento de restaurantes, casinos y emprendedores, para obtener los insumos que necesitan a la hora de elaborar sus platos, o bien para redistribuir frutas y verduras en ferias y a través de delivery. Diariamente, en el lugar se generan enormes cantidades de desperdicio orgánico, tales como hojas, tallos y otros vegetales que terminan en la basura, lo que equivale a miles de toneladas de residuos al año.

Con el fin de solucionar la contaminación, recuperar alimentos que mantienen sus propiedades nutricionales y permitir el acceso a una alimentación saludable a personas en situación de vulnerabilidad, la Universidad Bernardo O’Higgins (UBO) y el Centro Tecnológico para la Innovación Alimentaria (CeTA), unieron sus esfuerzos para desarrollar una sopa de verduras y una compota de frutas, a partir de alimentos en buen estado descartados en el mercado y recuperados por la Fundación Banco de Alimentos Lo Valledor.

La cooperación entre las entidades contempla el desarrollo de dos prototipos de alimentos a base de los excedentes de frutas y hortalizas del Mercado Lo Valledor. El primero de ellos consiste en crear una sopa, elaborada a partir de hojas y tallos de betarraga y apio, brócoli y tomate, vegetales que contienen un alto aporte de fibra, potasio, vitaminas A y C, hierro, folatos y calcio, además de antioxidantes como licopeno y betacarotenos.

El segundo prototipo, consiste en una compota hecha a base de frutas no comercializadas que serán higienizadas y cocidas, como ciruelas, peras y plátanos, que aportan macronutrientes como calcio, Vitamina A y C, potasio y magnesio.

La creación de estos prototipos tiene como meta valorizar un total de cinco mil toneladas de excedentes alimentarios del Mercado Lo Valledor, lo que se traduce en unos 25 millones de raciones de alimentos que serían entregados, de forma gratuita, a los beneficiarios de la Fundación Banco de Alimentos de Lo Valledor. Desde el año 2019 esta entidad recupera toneladas de alimentos para evitar su desperdicio y redistribuirlos a organizaciones que ayudan a adultos de la tercera edad, a familias de escasos recursos, personas discapacitadas, así como niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad o riesgo social.

Se estima que una ración de sopa o compota pueda aportar entre el 20% y 30% de los requerimientos nutricionales diarios de minerales y vitaminas para un adulto. De esta forma, el proyecto mejorará la calidad de alimentación que reciben cientos de personas en situación de vulnerabilidad apoyados por el Banco de Alimentos. El proyecto tiene una duración de doce meses, por lo que hacia fines de este año ya se podría contar con las primeras aproximaciones a los prototipos propuestos.

Ximena Rodríguez, directora del proyecto y directora de la Escuela de Nutrición y Dietética de UBO, indica que la dieta de los chilenos difícilmente se puede considerar una alimentación saludable. De acuerdo con encuestas nacionales existe un bajo consumo de frutas y verduras, lo que se refleja en que solo el 15% de los chilenos consume 5 o más porciones durante el día, que es lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud. Esto conlleva, además, un impacto en la ingesta de nutrientes como fibra dietética, vitaminas C, A y antioxidantes.

Pescados, legumbres y lácteos también han sufrido una baja en su consumo, mientras que alimentos procesados como snacks salados, golosinas, chocolates, galletas, bebidas y jugos azucarados han ido en aumento, junto con comida chatarra como hamburguesas, pizzas, completos y sopaipillas, entre otros que se caracterizan por un alto contenido de calorías, sodio, grasas y azúcares.

Los prototipos creados están pensados en las carencias nutricionales que hoy día existen en la población beneficiada por la Fundación Banco de Alimentos Lo Valledor, por lo que se priorizará nutrientes como vitamina A, vitamina C y fibra dietética. Estos nutrientes tienen efectos como antioxidantes, así como un mejor control metabólico de la glicemia y colesterol en la sangre”, acota Rodríguez.

El proyecto es innovador en Chile, ya que conjuga varias aristas que permiten la aplicación del concepto de Economía Circular, logrando que se aprovechan alimentos en buen estado, se evite la contaminación y se genere un impacto positivo en la población. Jean Paul Veas, director ejecutivo de CeTA, explica que la implementación de esta tecnología alimentaria resulta clave en dos dimensiones. Por una parte, colaborar con la solución de una problemática social incrementada en un entorno de pandemia y, por otra, seguir avanzando en el desafío de incorporar la variable innovación en los grandes desafíos país.

Con este proyecto no solo estamos dando una solución real a las toneladas de residuos orgánicos que van a parar a un vertedero, muchos de los cuales están en perfecto estado, sino que también estamos generando una alternativa al acceso de alimentos con un alto aporte nutricional. De nada sirve que invirtamos en nuevas tecnologías si estas no son utilizadas para generar un cambio positivo en Chile”, detalló Veas.

Si bien el proyecto entre UBO y CeTA es una propuesta efectiva para aprovechar alimentos que serían desperdiciados, no es la única iniciativa en curso del Mercado Lo Valledor para reducir el impacto medioambiental por la generación de residuos orgánicos. Es así como desde el centro de abastecimiento destinan más de tres mil toneladas anuales al compostaje y a la alimentación de animales.

Seminario regional reunió a referentes de la industria alimentaria

Con el fin de congregar a emprendedores y profesionales de la industria de la alimentación de Coquimbo, el Centro Tecnológico para la Innovación Alimentaria (CeTA), apoyado por Corfo, junto a la Corporación Regional de Desarrollo Productivo (CRDP) organizaron el seminario “Desarrollo de Productos e Innovación: un desafío constante”, actividad que contó con la participación de destacados expositores del ámbito. El doctor Franco Pedreschi, profesor titular del Departamento de Ingeniería Química y Bioprocesos de la Pontifica Universidad Católica de Chile, abordó el “Rol de la química y microestructura en el diseño de alimentos y nutrición”. En su exposición destacó cómo los alimentos del futuro serán diseñados no solo a partir de sus propiedades sensoriales y nutricionales, sino también con el objetivo de proporcionar funcionalidades específicas dentro del cuerpo, más allá de la mera nutrición.

Lorena Pacheco, jefa del Centro de Innovación Zona Norte CeTA, detalló las principales dudas que surgen entre emprendedores y empresarios a la hora desarrollar alimentos, y todo lo que implica la innovación en esta área, haciendo hincapié en el potencial que tiene la entrada en operaciones del centro inaugurado en enero en la Región de Coquimbo.

Finalmente, Rubén Godoy, director y gestor de Desarrollo de Empresas Asociativas Campesinas, se refirió a la experiencia de la Cooperativa Agrofrutícola Chillepín y Cooperativa Campesina Apícola Choapa y de la importancia de la innovación en los modelos de negocios, en los productos y en los procesos productivos.

Por su parte, Jean Paul Veas, Director Ejecutivo del CeTA, indicó que el Centro de Innovación Zona Norte permite que “hoy Coquimbo cuente con un recinto de un valor estratégico importante, porque se está aterrizando todo el potencial I+D+i a las necesidades concretas de los emprendedores del rubro alimentario, que pueden elevar al máximo las posibilidades de sus productos y contribuir a la reactivación de la zona”.

En tanto, el director regional de Corfo, Gregorio Rodríguez, destacó la agregación de valor como motor de diversificación de la economía regional: “a través de CeTA se entregará a las pequeñas y medianas empresas la oportunidad de prototipar, investigar, avanzar y desarrollar nuevos productos alimentarios de la mano de la innovación”. Además, enfatizó en la importancia de la transferencia de conocimientos y experiencias exitosas, apuntando a la amplia gama de sectores productivos existentes en la región, dentro de ellos todos los productos del mar relacionados a la pesca, acuicultura, el mundo caprino, la agricultura y la agroindustria.

Finalmente, Manuel Schneider, gerente de la CRDP, indicó que “como Corporación una de nuestras líneas de trabajo es la difusión, para lo cual constantemente realizamos actividades de capacitación para distintos actores públicos, privados y del sector científico-académico. Queremos que se den a conocer propuestas y soluciones necesarias para el desarrollo y posicionamiento de la industria alimentaria regional y creemos que con este tipo de acciones aumentamos las habilidades técnicas de las empresas de nuestras tres provincias”.

La actividad, llevada a cabo de forma online, contó también con la presencia de Jean Paul Veas, Director Ejecutivo del CeTA; Claudio Daud, jefe de la División de Fomento e Industrias del Gobierno Regional de Coquimbo, y Gregorio Rodríguez, Director Regional de Corfo. Por su parte, Viviana Arias, ejecutiva del Eje Alimentario de la CRDP, fue la encargada de moderar el seminario.

Inversión en I+D: la clave del éxito en la reinvención de la industria alimenticia

La investigación, la innovación, el desarrollo de la ciencia y la tecnología, son desafíos que Chile se ha impuesto para convertirse en un referente regional, una vía para alcanzar el tan esquivo desarrollo. Lo cierto es que más allá de las cifras, se trata de un proceso que no sólo favorecerá la economía y el progreso del país, sino que también impactará en la calidad de vida de millones de chilenos.

Para continuar avanzando en esa dirección, desde el año 2008 existe la Ley Investigación y Desarrollo (I+D), cuyo fin es incentivar que empresas incursionen en estas áreas con la garantía de contar con una importante rebaja en sus impuestos. La norma estipula que hasta un 35% del monto invertido en I+D puede ser utilizado como crédito tributario contra el Impuesto de Primera Categoría.

Pablo Terrazas, Vicepresidente Ejecutivo de Corfo, explica que este cuerpo legal ha sido un aporte para potenciar un entorno innovador en el ámbito productivo, facilitando la incorporación de recintos especializados. “Los centros de I+D, que fueron creados bajo el alero de esta ley, han sido un aporte fundamental para acercar la innovación a los distintos sectores empresariales. Es el caso de la industria de los alimentos, donde destacan los establecimientos de CeTA, que se han consolidado como un gran aporte en las macrozonas donde están instalados, permitiendo a nuestros emprendedores y empresas, avanzar y desarrollarse de la mano de la innovación, creando nuevos productos y mejorando su productividad. Estamos muy contentos en Corfo porque el año pasado alcanzamos un récord histórico tanto en la cantidad de empresas como en la cantidad de proyectos y montos certificados con la Ley I+D, lo que indica que hay un interés cada vez más alto en innovar y generar más valor agregado”.

Entre los referentes en el desarrollo de investigación está el Centro Tecnológico para la Innovación Alimentaria (CeTA), una corporación público-privada que busca impulsar esta industria como un pilar del desarrollo económico del país, lo que, entre otras iniciativas, se ha concretado con la implementación de tres Centros de Innovación en zonas estratégicas de Chile. A través de estas instalaciones se busca potenciar la valorización de productos de emprendedores y pymes del rubro alimenticio, aprovechando al máximo materias primas locales, incorporando I+D a los procesos.

María José Bustos, subgerente de Negocios de CeTA, destaca que en su experiencia esta ley se ha constituido en un elemento muy relevante para potenciar la innovación y generar condiciones más adecuadas para dar el salto tecnológico que Chile precisa. Incluso considera que la norma local es más robusta que la de otros países que en la actualidad integran la OCDE. “Es una muy buena ley, a la que le queda mucho espacio para ser aprovechada ya que en la actualidad hay desconocimiento por parte de las empresas que no la han incorporado a su gestión, desaprovechándola. Hay una tarea pendiente por realizar que es fortalecer la difusión para que las empresas, las grandes y las Pymes, entiendan sus posibilidades. A veces piensan que es difícil optar a la ley y la verdad no es así”, puntualiza la ejecutiva.

En este sentido, el desconocimiento provoca que empresas que realizan actividades de I+D no sean conscientes de las oportunidades que pierden, ya que ignoran el alcance de la legislación. En la actualidad, más de 800 empresas gozan de este incentivo tributario y se estima que el número podría ser considerablemente mayor si las empresas estuvieran adecuadamente capacitadas en su uso.

“Lo que busca la ley es que los privados tengan condiciones favorables para generar más investigación. Entonces la empresa tiene que demostrar que está haciendo un desarrollo de I+D, es decir, con complejidad técnica, con incertidumbre tecnológica y, en la medida que lo compruebe, la compañía podrá optar a la rebaja de este 35%. En otras palabras, si una empresa logra demostrar que tiene un proyecto de I+D y tiene un gasto total de 100 millones, entre recursos humanos, entre gastos de operación, subcontratos, inversiones en activos fijos, entre otros, va a poder rebajar 35 millones en sus impuestos”, explica la ejecutiva.

Respecto a la importancia de que el país cuente con una mayor cantidad de centros I+D, María José Bustos detalla que el rol más importante en el ámbito alimenticio es complementar las capacidades de las empresas. Así es posible generar desarrollo con valor agregado, con innovación y con componentes I+D, factores que son altamente apreciados en la industria alimentaria para abastecer el mercado nacional e internacional.
“Si tú quieres ser una empresa innovadora, diferenciarte y generar entradas, hay que destinar los recursos a generar valor en ese sentido, y esto se logra a través de la investigación, de la innovación y del desarrollo. Básicamente es la base para que las empresas se motiven, el poder diferenciarse y el sofisticar sus productos”, aconseja la subgerente de Negocios de CeTA.

En el caso de CeTA, Bustos explica que cuentan con todo el equipamiento para entregar servicios de prototipaje, pilotaje y escalamiento, llevando a la práctica todo el desarrollo que una empresa pueda estar trabajando en una escala más bien teórica. “Se puede alcanzar un nivel semiindustrial de pilotaje con nosotros y eso corresponde justo a la etapa antes de que empiece la actividad comercial de un producto. La Ley I+D tiene precisamente esa estructura, cubriendo todo el desarrollo de un nuevo producto, un nuevo proceso o una mejora sustancial, pero antes de que empiece su etapa comercial”, destaca.

De esta forma, pequeñas y medianas empresas que no siempre cuentan con los instrumentos para realizar la investigación necesaria pueden encontrar en CeTA estos servicios y optar a los beneficios que ofrece la Ley I+D. Además, aparte de la experiencia con la que ya cuenta esta corporación, CeTA tiene como socios estratégicos a prestigiosas casas de estudio, como la Universidad de Chile, la Pontificia Universidad Católica, la Universidad de Talca y la Universidad de La Frontera, además de la Fundación Chile y la Fundación Fraunhofer. Junto a ellos, en abril próximo inaugurará la tercera planta de CeTA, ubicada en Laguna Carén, la que contará con tecnología de vanguardia justamente en el área de pilotaje y prototipaje para la industria de alimentos, sumándose al Centro Zona Norte y Centro Zona Sur que ya operan en regiones.

DESTACADA PARTICIPACIÓN DE CETA EN SEMINARIO INTERNACIONAL TECFOOD.

Con la participación de más de 250 personas se realizó el seminario internacional TECFood, encuentro que aborda temáticas y tendencias alimentarias, tecnologías y packaging, que organiza cada año la revista especializada InduAlimentos. Este año, el Centro Tecnológico para la Innovación Alimentaria, CeTA, participó en conjunto con IFAN y el programa estratégico Transforma Alimentos.

IFAN es un programa público – privado, que surge de la alianza entre la industria de alimentos y la academia para desarrollar nuevos ingredientes funcionales y aditivos naturales en base a materias primas chilenas, mientras que Transforma Alimentos es uno de los nueve Programas Estratégicos de Especialización Inteligente, impulsados por Corfo en el marco de la Agenda de Productividad, Innovación y Crecimiento del Ministerio de Economía.

Como parte de la Red CeTA, estas tres instituciones participaron conjuntamente en TecFood 2018. “Para nuestro centro tecnológico, siempre es importante el trabajo colaborativo con otras iniciativas, sobre todo aquellas en que el centro de sus políticias es aportar al desarrollo de la industria alimentaria”, comenta Jean Paul Veas, Director Ejecutivo del Centro Tecnológico para la Innovación Alimentaria, CeTA. “TECFood se ha transformado en un polo de encuentro internacional donde confluye la academia, empresas y emprendedores que muestran el avance de la industria alimentaria con muestras de productos pilotos, nuevos envases, lo que para nuestra misión como centro de pilotaje y prototipaje es de vital importancia”, añadió.