
Representantes del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile visitaron las instalaciones del Centro Tecnológico para la Innovación Alimentaria (CeTA) en Laguna Carén, en una jornada orientada a fortalecer el intercambio técnico y la colaboración entre ambas instituciones.
La delegación del INTA estuvo compuesta por Carmen Gloria Yáñez, directora de Asistencia Técnica; Daniela Parra, ejecutiva de servicios analíticos y asesoría; y Constanza Golusda, ejecutiva comercial del instituto, quienes durante el recorrido por la planta piloto y los laboratorios especializados fueron acompañadas por el presidente del directorio de CeTA y profesor emérito de la Universidad de Chile, Roberto Neira, y guiadas por la jefa de Desarrollo y Calidad del centro, Juliana Holbach.
Durante la visita, los representantes del instituto pudieron conocer en terreno las capacidades que CeTA pone a disposición de emprendedores, pymes y empresas para acompañar el desarrollo de nuevos productos alimentarios, desde las primeras formulaciones hasta su validación preindustrial.
Desde el INTA valoraron este tipo de encuentros como espacios que favorecen el intercambio técnico y la articulación de capacidades para avanzar en soluciones que fortalezcan el desarrollo del sector alimentario del país.


Entre equipos de procesamiento, laboratorios de análisis y líneas de pilotaje para alimentos, el recorrido permitió revisar el flujo completo de trabajo que desarrolla el centro en la Zona Central y en las plantas del norte y sur del país, apoyando así procesos de innovación en la industria alimentaria nacional. Además, se compartieron miradas sobre los desafíos actuales del sector y se proyectaron nuevas oportunidades de trabajo conjunto, en línea con el vínculo histórico entre CeTA y la Universidad de Chile, institución socia fundadora del centro.
“Mostramos nuestra infraestructura piloto para el desarrollo y escalamiento de productos, junto con los laboratorios donde realizamos análisis fisicoquímicos, microbiológicos y sensoriales durante las distintas etapas de los proyectos. La visita permitió evidenciar el flujo completo desde el prototipo hasta la validación preindustrial”, explicó Juliana Holbach, jefa de Desarrollo y Calidad de CeTA.
La diversidad de procesos disponibles en la planta piloto permite acompañar técnicamente a empresas y emprendimientos en el desarrollo de nuevos alimentos, controlando variables críticas de proceso y fortaleciendo la calidad e inocuidad de los productos.
“La colaboración con instituciones como INTA se traduce en soluciones basadas en evidencia científica y adaptadas a la realidad productiva. Esto permite optimizar formulaciones, mejorar procesos y validar técnicamente los prototipos antes de su escalamiento”, agregó Holbach.
La relación entre CeTA y el INTA también tiene un componente estratégico vinculado al origen del centro y a la articulación entre el mundo académico, la innovación tecnológica y el sector productivo.
“La presencia del INTA en CeTA no es fortuita. La decisión de participar en la convocatoria de CORFO se gestó en el propio Instituto, como expresión de una alianza fundacional con otras facultades de la Universidad y diversas instituciones de educación superior”, señaló Roberto Neira, presidente del directorio de CeTA y profesor emérito de la Universidad de Chile.
Según explicó, esta colaboración ha permitido integrar ciencia, tecnología y sector productivo en una estrategia común orientada a impulsar el desarrollo alimentario del país.
“CeTA cumple un rol clave como puente entre conocimiento científico y aplicación industrial. Nuestra tarea es transformar evidencia en soluciones concretas que permitan a productores y empresas innovar con mayor respaldo técnico y menor incertidumbre”, añadió Neira.
El encuentro permitió fortalecer el intercambio técnico entre ambas instituciones, compartir experiencias y alinear criterios científicos y regulatorios en el ámbito de la innovación alimentaria.
En ese contexto, la articulación entre centros tecnológicos e instituciones académicas se vuelve clave para acelerar la transferencia de conocimiento hacia el sector productivo y fomentar el desarrollo de nuevos alimentos con mayor valor agregado.
“Chile necesita fortalecer su ecosistema de innovación alimentaria con una mirada colaborativa. Cuando academia y centros tecnológicos trabajan coordinadamente, avanzamos hacia sistemas alimentarios más competitivos, seguros y sostenibles”, concluyó Neira.
