
Aunque en las últimas décadas la participación femenina en la educación superior ha crecido sostenidamente, la presencia de mujeres en áreas científicas y tecnológicas —especialmente en cargos de liderazgo— sigue siendo menor.
Para María Angélica Fellenberg, vicerrectora de Investigación y Postgrado de la Pontificia Universidad Católica de Chile y académica de la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales, la brecha se hace evidente a lo largo de las trayectorias científicas: “Si bien en pregrado somos mayoría, nuestra presencia disminuye en posgrado y en investigación, donde sólo el 35,8% corresponde a mujeres. Esta brecha se profundiza en áreas STEM, donde apenas un 7,8% de las tituladas pertenece a estas disciplinas”, señala.
A ello se suman otras desigualdades en la producción científica. Entre 2008 y 2024, sólo el 40,2% de las publicaciones en revistas indexadas fueron realizadas por mujeres, mientras que las solicitudes de patentes vinculadas a investigaciones lideradas por ellas fluctuaron entre un 19% y un 25% entre 2017 y 2022.


Según advierten las especialistas, parte importante de estas brechas se relaciona con factores estructurales vinculados a la relación entre carrera científica y responsabilidades familiares.
Desde la investigación en ciencias sociales aplicadas a la alimentación y la vida familiar, la académica de la Universidad de La Frontera Berta Schnettler coincide en que estas barreras siguen siendo relevantes: “Uno de los desafíos es desarrollar políticas y culturas organizacionales que permitan un mayor equilibrio entre el trabajo y la familia, ya que las mujeres seguimos siendo, en gran medida, las principales responsables del cuidado del hogar”, explica.
Estas condiciones, advierten, impactan directamente en la continuidad de las carreras científicas y en la posibilidad de asumir roles de liderazgo.
Para Mariana Soto, ingeniera civil química, gerente general del Centro de Envases y Embalajes de Chile (CENEM) y ex presidenta del directorio de CeTA, la subrepresentación femenina también es evidente en el mundo industrial. “Los principales desafíos siguen siendo la subrepresentación en cargos de decisión, los sesgos —a veces sutiles— sobre capacidades técnicas y liderazgo, y la dificultad de compatibilizar carreras exigentes con la vida familiar, especialmente en contextos de alta presencia en terreno o turnos”, señala, a partir de su experiencia de más de dos décadas trabajando en plantas de manufactura.
Otro factor clave para avanzar hacia una mayor equidad es la visibilización de mujeres líderes en ciencia, tecnología e innovación.
Según consigna Radio Cooperativa, a la fecha sólo nueve mujeres han sido reconocidas con el Premio Nacional de Ciencias: tres en Ciencias Exactas, tres en Ciencias Naturales y tres en Humanidades y Ciencias Sociales. Ninguna mujer ha obtenido aún el Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas.
Para la bioinformática Ariela Vergara, vicerrectora de Innovación de la Universidad de Talca e investigadora del Centro de Bioinformática, Simulación y Modelado, la ausencia de referentes visibles puede influir directamente en las decisiones vocacionales de niñas y jóvenes.
“Uno de los principales desafíos es fortalecer la presencia de referentes femeninos en áreas que históricamente han estado subrepresentadas por mujeres. La falta de visibilidad de trayectorias femeninas puede influir en las decisiones vocacionales y en las oportunidades de desarrollo profesional de las nuevas generaciones”, afirma.
En la misma línea, Schnettler subraya la importancia de reconocer trayectorias que han abierto camino en estos ámbitos.
“Las universidades y centros de investigación deben dar más visibilidad a las investigaciones lideradas por mujeres y reconocer a las investigadoras de larga trayectoria que demostraron que las mujeres podemos hacer ciencia y tecnología y sentaron las bases para que hoy seamos más”, señala.
Junto con los desafíos, las entrevistadas coinciden en que el contexto actual también abre nuevas oportunidades para la participación femenina, especialmente en sectores que atraviesan profundas transformaciones tecnológicas.
Soto destaca que procesos como la sostenibilidad, la economía circular, la automatización y la Industria 4.0 están redefiniendo las capacidades que requiere la industria. “La industria está viviendo una transformación fuerte por sostenibilidad, economía circular, automatización e Industria 4.0, y eso requiere talento técnico y liderazgo con una mirada más integral”, afirma.
En ese escenario, la articulación entre ciencia, innovación y desarrollo productivo abre espacios para que más mujeres lideren proyectos tecnológicos y procesos de transferencia de conocimiento hacia la industria.


Más allá de la representación, las directoras coinciden en que la diversidad en los espacios de decisión aporta valor concreto a la gobernanza institucional.
Desde su experiencia investigando bienestar familiar, Schnettler destaca que los liderazgos diversos enriquecen los procesos de decisión. “La presencia femenina en espacios de poder contribuye a decisiones más inclusivas y representativas, incorporando perspectivas diversas que suelen quedar fuera cuando la gobernanza es homogénea”, explica.
Vergara coincide en que promover equipos diversos permite abordar los desafíos actuales desde múltiples miradas: “La diversidad en los grupos de trabajo fortalece la toma de decisiones y contribuye a desarrollar soluciones más integrales para los desafíos actuales”, señala.
Para Soto, esta complementariedad resulta especialmente relevante en organizaciones que impulsan innovación y transferencia tecnológica: “La diversidad, bien gestionada, eleva el estándar y mejora los resultados”, concluye.
Desde la academia, la investigación y el sector productivo, las directoras coinciden en que avanzar hacia una mayor participación femenina en espacios de liderazgo no sólo responde a un principio de equidad, sino también a la necesidad de fortalecer la innovación y la gobernanza de instituciones que enfrentan desafíos cada vez más complejos.
Schnettler destaca que distintos estudios han evidenciado el aporte de los liderazgos femeninos en estos espacios: “Los liderazgos femeninos “Suelen destacar por atributos como la empatía, la cercanía, la capacidad de generar confianza y la construcción de climas laborales más colaborativos, lo que facilita también la resolución de conflictos”, señala.
En esa línea, agrega que el aumento de mujeres en directorios ha sido reconocido como un apoyo estratégico para una gobernanza más innovadora y con visión de largo plazo, en coherencia con políticas públicas como Más Mujeres en Directorios.
Para Soto, la participación femenina también aporta una mirada particular a la conducción institucional: “Las mujeres tenemos una capacidad valiosa para integrar visión estratégica con ejecución y para cuidar la calidad de los procesos sin perder el foco en los resultados. En espacios de gobernanza, esa combinación permite avanzar con rigurosidad, coherencia y sentido de propósito”, concluye.
En ese contexto, la presencia de mujeres en instancias como el directorio de CeTA refleja una tendencia creciente en el ecosistema científico y tecnológico: incorporar miradas diversas como un elemento clave para impulsar soluciones más innovadoras, colaborativas y sostenibles para el desarrollo del país.