El mercado mundial de frutas y hortalizas deshidratadas está en plena expansión. Movido por consumidores cada vez más interesados en alimentos saludables, naturales y prácticos, este sector proyecta un crecimiento significativo, con un mercado estimado en USD 150.000 millones para 2033, creciendo a un ritmo anual cercano al 8%.
Entre los productos más deshidratados y procesados en polvo destacan frutas como uva, manzana, mango, plátano, bayas, naranja, limón y piña. Estas materias primas encuentran aplicación en diversos sectores: panadería y confitería, snacks y productos listos para consumir (RTE), lácteos, bebidas, sopas y salsas, entre otros.
El auge de las dietas vegetales y veganas ha incrementado el uso de frutas en polvo como aromatizantes y colorantes naturales, sumándose a la demanda de ingredientes funcionales con beneficios para la salud como apoyo inmunológico, digestión o función cognitiva.
Durante la temporada 2024-2025 (septiembre-diciembre), Chile exportó frutas por un valor FOB de USD 9.33 mil millones, aumentando un 26,5% respecto a la temporada anterior, la más alta en 20 años. De este total, el 67,7% correspondió a fruta fresca, y la fruta deshidratada representó un 6,8%, con exportaciones valoradas en USD 179,7 millones.
Este crecimiento se da en un contexto donde las frutas chilenas gozan de gran demanda internacional, especialmente en Asia-Pacífico, región líder mundial en producción y consumo de frutas en polvo, con países como India, China y Tailandia posicionados como grandes productores.
La deshidratación no solo prolonga la vida útil de frutas y hortalizas, conservando nutrientes, colores y aromas, sino que reduce su peso y volumen, facilitando su transporte y almacenamiento. Esta tecnología permite además aprovechar subproductos y descartes —aquellas frutas y verduras que no cumplen con los estándares estéticos para el mercado fresco— transformándolos en ingredientes valiosos para nuevos productos.
Pamela Carrillo, jefa del Centro de Innovación CeTA Sur, destaca: “Mediante la deshidratación podemos estabilizar diferentes productos, aumentando su vida útil en el tiempo, mayor versatilidad en diferentes aplicaciones alimentarias, reducir costos de almacenamiento y transporte. Esto es aplicable a diferentes productos, entre ellas las frutas y hortalizas, donde podemos convertir estas materias primas, por ejemplo, en productos en polvo o harinas, que pueden ser destinadas a otras matrices alimentarias como parte de sus ingredientes, aplicaciones culinarias, ingredientes en fórmulas para alimentos destinados a mascotas, entre otros usos.“
En CeTA, la infraestructura tecnológica incluye metodologías que permiten adaptar procesos a distintos productos y necesidades de mercado, garantizando calidad y funcionalidad, entre ellas:
Con la creciente preferencia global por alimentos naturales y plant-based, Chile tiene una oportunidad estratégica para posicionar sus frutas deshidratadas como ingredientes esenciales en snacks, repostería, bebidas instantáneas, suplementos y alimentación animal.
“Hoy existe una clara tendencia hacia alimentos más naturales y con menos aditivos. En este escenario, y considerando que frutas como uvas, cerezas, arándanos y manzanas lideran las exportaciones chilenas, consolidando al país como potencia frutícola global, la deshidratación surge como una vía para abrir nuevos mercados. En CeTA es posible transformar frutas y verduras frescas en polvos con aplicaciones en snacks saludables, repostería, cereales y barras energéticas, bebidas instantáneas, nutrición deportiva y suplementos. Así, se pueden realizar ensayos iniciales y caracterizar productos para explorar el mercado a menor escala, sin invertir en equipamiento costoso ni interrumpir procesos productivos”, añade Carrillo.
El creciente interés mundial en alimentos saludables y sostenibles, junto con las ventajas competitivas de Chile —como la calidad de su fruta, su estacionalidad opuesta y una imagen país asociada a productos naturales— configuran un escenario propicio para el crecimiento del sector de deshidratados.
Con el apoyo de centros tecnológicos, innovación en formatos y empaques, y estrategias comerciales alineadas con tendencias globales, la deshidratación será un motor clave para agregar valor, reducir desperdicios y abrir nuevos mercados para productores y empresas chilenas.